…Me dicen COMANECI
…Me dicen COMANECI
Nací en Nueva Italia, Tierra de hombres bragados y mujeres bellas que prefieren morir vírgenes antes que parir tarugos. Ojalá fuera cierto; esa es mi utopía. Pero suena bien, ¿Qué no?
Se me ocurrió nacer por ahí en el 76, cuando comenzaron las olimpiadas en Montreal, Canadá y se escuchaba el nombre de Nadia Comaneci. ¿Lo recuerdan? la gimnasta, la niña del 10 perfecto.
Creo que desde ahí las expectativas de mi padre hacia mí fueron muy altas y aun cuando sacaba 10 en la escuela, no le di gusto jamás, peor cuando le dije que no estudiaría Medicina igual que el, como le hubiera gustado.
Por cierto déjenme
saludarle: Saludos padre mío adorado, te saludo desde esta columna y te amo con todo mi corazón.
Cuando era niña, hubo un rato que pensé sería mejor haber nacido niño.
Mi papá me llevaba a ordeñar, tendría yo unos 8 años. Recuerdo que para llegar al potrero, me cargaban una mula con costales de rastrojo y me encantaba llegar donde estaban las vacas, darles de comer, lo que no me agradaba nada es que mientras mi padre ordeñaba, a mí me ponía a sostener el rabo de la vaca para que ésta no coleteara las moscas y le pegara a él en la cara. A veces cuando se me cerraban los ojos por levantarme tan temprano, mi papá me despertaba con chisguetes, o mejor dicho proyectiles de leche bronca directo a los ojos.
Soy hija única, de papá y mamá, pero con el tiempo papá me regaló 4 hermanos más (todos de distintas madres, creo que para que no nos la peleáramos). A todos los amo y adoro por cierto.
El caso es que pensaba que mi papá necesitaba más la ayuda de un varón, por ello me propuse aprender todo eso que se supone deben aprender los varones, o mejor dicho, hacer todas las tareas sin distingo: que si esto lo hacen las mujeres o esto los hombres, ¡nada! para mí era igual desde aprender a hacer un nudo marino, echar un pial, hacer un cajete, lavar un bebedero, arrear las vacas, barrer, poner la mesa, lavar ropa, atender el parto de una perra, de una marrana, pegar un tabique o pegar un botón.
Mi papá es médico, y antes que eso; campesino, por eso me enseñó labores del campo y es siempre, siempre: un sabio maestro. No es que quisiera que yo fuera varón, sino que quiso hacer de mí una mujer fuerte, independiente, que no tuviera miedo, pero sobre todo supiera defenderse. Que no fuera víctima de nada ni de nadie. Él estaba proveyéndome de armas para el futuro.
Ahora a eso se le llama Equidad o igualdad de género. Mi padre me enseñó sin tener más ideas que la propia experiencia: que el rol que desempeñes no tiene nada que ver con tu género, es lo que mencioné en las líneas de arriba, enseñar cosas de niñas y/o de niños no es sano, eso ya no es más.
Por ello dejemos de inculcar a nuestros hijos estereotipos de la prehistoria, porque mientras lo sigamos haciendo: enseñarle a menores que hay actividades diferenciadas de niños y niñas, tendremos que trabajar para erradicar esa misma desigualdad cuando sean mayores. Y trabajar duro para erradicar otras problemáticas que esto atrae, tales como la brecha salarial y la discriminación, la violencia contra las mujeres y finalmente su invisibilidad. Ojo con esas madres machistas. Porque tristemente, señora bonita que me está leyendo, ¡si!… tristemente ¡Es usted la que reproduce el machismo desde la comodidad de su hogar!
Lo que hizo mi papá en mayor o menor medida ahora se llama Empoderamiento de la Mujer.
Una princesa, medio bato… pero princesa.
Y esta es la razón de lo que estás leyendo.
A mi paso por distintos espacios en donde he tenido oportunidad de laborar, he conocido mujeres tan valiosas como desaprovechadas, amordazadas, con maridos golpeadores, o bien librando batallas legales para conseguir su libertad, faltas de amor por sí mismas, estrujadas, que no son escuchadas, ni vistas, lidiando con abusos sexuales, abusos laborales, en la desprotección, viviendo o sobreviviendo, mujeres sin apoyo, en desamparo, víctimas o victimizadas por las instituciones que tienen el deber único de defenderlas, o victimizadas también por el contexto mismo, como en mi terruño donde ser mujer y estar en pobreza, constituye un binomio perfecto para ser estadística si no por violencia y maltrato, por abuso o en el peor de los casos deceso.
Siendo este un lugar de la tierra caliente en donde falta generar empleos, falta educación integral, capacitación en actividades productivas que permitan tener empleos dignos, crecimiento económico, atención sensible, empatía, apoyo.
Dicen que luego las políticas tienden a ser paternalistas, ¿Tendríamos entonces que hacerlas maternalistas?… Es inadmisible que no se pueda hablar solo de políticas públicas, que nos permitan a hombres y mujeres igualdad de derechos, protección y punto. Pero esto obedece precisamente a esta separación antinatural como le digo yo. Y es que las diferencias físicas no deben dar parte a estas diferencias sociales que tanto daño hacen.
A las mujeres siempre se nos relaciona con fragilidad, con desprotección. Por ello este término ahora tan utilizado EL EMPODERAMIENTO.
¿Pero qué es el empoderamiento de las mujeres y por qué es importante?
Simple. Porque es punto medular cuando hablamos de prevenir y erradicar la violencia contra las mujeres.
Según la Real Academia Española, Empoderamiento se refiere a la acción y efecto de empoderar, es decir a “Hacer poderoso o fuerte a un individuo o grupo social desfavorecido”.
Bien ésta puede parecer una definición demasiado sencilla, en realidad es muy significativa, especialmente si consideramos que, históricamente, a las mujeres se nos ha hecho pensar que somos menos fuertes, inteligentes, capaces o poderosas que los hombres, cuando no es así.
La mentalidad y cultura machistas que por años han desfavorecido a las mujeres, han traído como consecuencia el lento desarrollo de las mujeres en los distintos ámbitos de la sociedad.
Deja de pensar que las mujeres vamos vestidas de rosa y jugamos con muñecas y a hacemos de comer. La cuestión aquí es que seas capaz de ir vestida de rosa y manejar un tractor y que ellos sean capaces de cocinar la cena o ayudarte a cambiar un pañal, ir al “super” o lavar su ropa. Gracias a Dios muchos de mis coterráneos y amigos participan con las labores del hogar. Para ellos mi reconocimiento.
Y a la par de que vas vestida de rosa, manejas un tractor, estudias y no necesitas ser rescatada por el príncipe, o la bestia, según te toque.
El empoderamiento es el camino para erradicar la violencia y discriminación así las mujeres adquieren o refuerzan sus capacidades, impulsando así la igualdad de género necesaria para erradicar la violencia.
Existen 4 principios básicos que la ONU Mujeres, (Organización de las Naciones Unidas de las mujeres), marcan para lograr el empoderamiento de las mujeres
1.- Promover la igualdad de género en todos los niveles
2.- tratar a las mujeres y hombres de forma equitativa en el trabajo, respetar y defender sus derechos humanos y la no discriminación
3.- Velar por la salud, seguridad y el bienestar de todas las trabajadoras y trabajadores
4.- Promover la Educación, la formación y el desarrollo profesional de las mujeres.
Ya te dije soy de Nueva Italia, la puerta de la tierra caliente, el ejido más grande de la República Mexicana, y en este lugar como en muchos de la región, hay temas que me preocupan, me sobrepasan; tales como la desigualdad social, la violencia en todos sus estilos y presentaciones, la vulnerabilidad, la inseguridad, la pobreza, las enfermedades, la ignorancia y si a estos temas le agregamos el elemento Mujer, así obtenemos el producto final. El que nos ocupa.
Mujeres frágiles: mujeres presa.
Contando con apenas 18 años, más 23 de experiencia, en mi andar, en el andar de mis hermanas y amigas, de las mujeres que rodean mi espacio. Puedo dar cuenta de cuanto nos hace falta por avanzar.
Falta y siempre faltará en tanto y no despertemos de ese sueño, de ese cuento que escuchamos de niñas y que nos creímos donde te decían que vendría el príncipe a rescatarnos.
El príncipe en cuestión y en el contexto en que vivimos actualmente será algún narco, tratante de blancas o simplemente alguien que nos endulza el oído con el cuento de “Felices para siempre”.
“La culpa de todo la tiene Walt Disney” es un dicho muy usado hoy día entre las chicas de 30 y más. Es cierto. Nos creímos los cuentos de Blanca Nieves aprendimos a hornear pays de manzana y atender enanos; de Cenicienta a limpiar y limpiar para mantener la casa limpia, de Aurora la Bella durmiente aprendimos a ser románticas empedernidas, de Ariel a ser rebeldes y desobedecer a nuestro padre, pero ojo. Estas son las princesas de mi generación que quede claro. De éstas aprendimos las de 40 y siempre, 30 y más y las veintisiempre.
Las chicas de 20 y menos tienen mejor material de Disney, sin embargo se ahogan cantando las de Jenny, la chakalosa y de las buchonas, esas que hablan de andar en trocas, vestir de Hermés, Louis Vuitton o cuanta marca que apenas y podemos pronunciar. (o como dijo la otra… -ira tía yo quiero una bolsa de la hache-, con el más puro acento terracalentano)
Espero ver con ansia que despierten más como Bella, pero sin la bestia, que devoraba libros, en todo momento mujer curiosa, con apetito voraz por aprender.
Espero ver más como Jasmine, impetuosas con una mente propia con un suministro inagotable de fuerza de voluntad, inteligentes, con un gran corazón y ayudando a quién las necesita.
Pocahontas bellas de espíritu libre, noble, y altamente espirituales, cuidando de la naturaleza y los animales.
O Mulán, valientes, autosuficientes, y no centrando su vida en el matrimonio.
¿Checaron? PRINCESAS, MEDIO BATOS… PERO PRINCESAS.
INTELIGENTES, PODEROSAS, ENTUSIASTAS, CREATIVAS, ALEGRES, SENSIBLES CON SU ENTORNO, PARTICIPATIVAS, EMPÁTICAS, AMOROSAS, INDEPENDIENTES Y LIBRES!!!
¡EMPODERADAS!
Conviértete en un 10…
SÉ TU DIEZ… PERFECTO!








